Escorbuto por falta de vitamina C: causas, síntomas, tratamiento y prevención
Descubre qué es el escorbuto por falta de vitamina C, sus causas, síntomas, tratamiento y cómo prevenirlo con una alimentación rica en frutas y verduras frescas.

El escorbuto es una enfermedad carencial producida por un déficit grave y mantenido de vitamina C, también conocida como ácido ascórbico. Esta vitamina es esencial para la formación de colágeno, una proteína clave para la estructura de la piel, los vasos sanguíneos, las encías, los huesos y muchos otros tejidos. Sin una cantidad suficiente de vitamina C en la dieta, el organismo empieza a deteriorarse de forma progresiva, dando lugar a síntomas que van desde el cansancio hasta hemorragias extensas y complicaciones potencialmente mortales.
¿Qué es el escorbuto?
El escorbuto es un trastorno nutricional causado específicamente por una deficiencia grave de vitamina C durante al menos varias semanas o meses. Aunque hoy en día es poco frecuente en la población general, sigue apareciendo en personas con dietas muy restrictivas, desnutrición, alcoholismo, trastornos mentales o dificultades de acceso a alimentos frescos. Históricamente fue muy común entre marineros y exploradores que pasaban largos periodos sin consumir frutas y verduras frescas.
La característica central del escorbuto es la alteración profunda en la síntesis de colágeno. El colágeno funciona como un “andamiaje” y “cemento biológico” que da soporte y resistencia a los tejidos; cuando la vitamina C falta, ese andamiaje se debilita. Como consecuencia, los vasos sanguíneos se vuelven frágiles, la piel pierde integridad, las encías se inflaman y sangran, y la cicatrización de las heridas se vuelve lenta y deficiente.
Función de la vitamina C en el organismo
La vitamina C es una vitamina hidrosoluble que el cuerpo humano no puede sintetizar por sí mismo, por lo que debe obtenerse diariamente a través de la alimentación. Participa como cofactor en reacciones enzimáticas indispensables para la formación y estabilización de las fibras de colágeno. Sin un aporte suficiente, las moléculas de colágeno no se forman correctamente, lo que repercute en la elasticidad, resistencia y capacidad de reparación de muchos tejidos.
Además de su papel en el colágeno, la vitamina C actúa como un potente antioxidante, ayudando a proteger las células frente al daño causado por los radicales libres. También interviene en la absorción del hierro no hemo presente en los alimentos de origen vegetal, contribuye al buen funcionamiento del sistema inmunitario y participa en la síntesis de ciertas hormonas y neurotransmisores. Por todo ello, su deficiencia sostenida afecta a múltiples sistemas del organismo y explica la variedad de síntomas del escorbuto.
Causas del escorbuto por falta de vitamina C
La causa directa del escorbuto es una ingesta insuficiente de vitamina C durante un periodo prolongado, generalmente de al menos uno a tres meses. No se trata de una enfermedad contagiosa ni hereditaria, sino de una carencia nutricional evitable. En condiciones normales, una dieta variada que incluya frutas y verduras frescas aporta suficiente vitamina C para prevenir el escorbuto. El problema aparece cuando estos alimentos escasean de forma marcada o se eliminan casi por completo.
Entre las causas más frecuentes se encuentran las dietas muy restrictivas o desequilibradas, por ejemplo, basadas casi exclusivamente en alimentos ultraprocesados, harinas refinadas o comidas precocinadas con escaso contenido en vegetales frescos. También son grupos de riesgo las personas mayores con mala alimentación, quienes viven solas o tienen dificultades para cocinar, personas con trastornos por uso de alcohol u otras sustancias que desplazan la comida, y pacientes con trastornos psiquiátricos o de la conducta alimentaria que limitan de forma severa los alimentos que consumen.
Factores de riesgo y población vulnerable
Aunque cualquier persona que no consuma vitamina C en cantidades adecuadas puede desarrollar escorbuto, existen factores de riesgo que aumentan la probabilidad. La pobreza, la inseuridad alimentaria y la falta de acceso a frutas y verduras frescas son condiciones que predisponen claramente a la deficiencia. Vivir en instituciones, residencias, cárceles o entornos donde la dieta es poco variada también puede incrementar el riesgo si no se supervisa la calidad nutricional de los menús.
Otras situaciones de riesgo incluyen enfermedades gastrointestinales que dificultan la absorción de nutrientes, como ciertas enteropatías, cirugía bariátrica o trastornos que reducen la ingesta por dolor o problemas de masticación. Los fumadores y consumidores crónicos de alcohol pueden necesitar mayores cantidades de vitamina C debido al estrés oxidativo incrementado y a hábitos dietéticos más pobres. Los niños con dietas muy selectivas, que rechazan de forma persistente frutas y verduras, también pueden estar en riesgo si esa situación se mantiene en el tiempo.
Síntomas iniciales del escorbuto
Los síntomas del escorbuto suelen comenzar de forma insidiosa y poco específica, lo que puede dificultar su reconocimiento en las fases tempranas. Entre las primeras manifestaciones se encuentran la fatiga, la sensación de debilidad generalizada, irritabilidad y malestar difuso. Muchas personas también notan disminución del apetito y pérdida de peso involuntaria. Estos signos pueden confundirse con estrés, depresión u otras enfermedades, por lo que es clave valorar los hábitos alimentarios.
Conforme avanza la deficiencia, empiezan a aparecer dolores musculares y articulares, así como una sensación de rigidez. La piel puede volverse seca y áspera, y el cabello, quebradizo y propenso a caerse. Estos cambios reflejan la alteración del colágeno y el deterioro de la microvasculatura, es decir, de los pequeños vasos sanguíneos que nutren los tejidos. Si en esta fase no se corrige la falta de vitamina C, el cuadro progresa hacia signos más evidentes y característicos.
Síntomas avanzados y manifestaciones características
En las etapas más avanzadas del escorbuto, los síntomas se vuelven más llamativos y específicos. Las encías se inflaman de manera marcada, adquieren un aspecto rojo o violáceo y sangran con facilidad, especialmente al cepillarse los dientes o incluso de forma espontánea. Pueden aparecer hematomas extensos en la piel ante traumatismos mínimos o sin causa aparente, así como pequeños puntos rojos o morados conocidos como petequias. Todo ello es consecuencia de la fragilidad de los vasos sanguíneos y del tejido de soporte.
También pueden producirse hemorragias en otros lugares, como sangrado nasal recurrente, presencia de sangre en la orina o en las heces y hemorragias subcutáneas dolorosas alrededor de músculos y articulaciones. Las heridas cicatrizan mal o muy lentamente, reabriéndose con facilidad. En casos graves, los huesos pueden debilitarse, aumentar el dolor óseo y producirse alteraciones en las articulaciones. La anemia es frecuente, ya sea por la pérdida crónica de sangre, por una menor absorción de hierro o por una alimentación globalmente deficitaria.
Diagnóstico del escorbuto
El diagnóstico del escorbuto se basa en la combinación de la historia clínica, los síntomas y determinados hallazgos exploratorios y analíticos. Un punto clave es identificar una ingesta insuficiente de vitamina C durante semanas o meses, por ejemplo, ausencia de frutas y verduras frescas en la dieta, consumo predominante de alimentos procesados o situaciones de desnutrición. La presencia simultánea de encías sangrantes, hematomas fáciles, mala cicatrización y cansancio persistente debe hacer sospechar esta enfermedad.
En la consulta, el profesional de la salud puede solicitar análisis de sangre para valorar el nivel de vitamina C plasmática y descartar otros problemas, como trastornos de la coagulación o deficiencias de otras vitaminas. No obstante, en muchos casos, el diagnóstico es principalmente clínico, apoyado por la rápida mejoría de los síntomas cuando se inicia el tratamiento con suplementos de vitamina C. La detección precoz es importante para evitar complicaciones graves y la necesidad de ingresos hospitalarios.
Tratamiento del escorbuto
El tratamiento del escorbuto se basa en corregir de forma rápida y segura la deficiencia de vitamina C, al mismo tiempo que se mejora el conjunto de la alimentación. En casos leves o moderados, suele ser suficiente la administración de suplementos orales de ácido ascórbico en dosis relativamente altas durante varias semanas, seguidos de una dosis de mantenimiento y de una dieta rica en alimentos frescos. La mayoría de las personas experimenta una mejoría significativa de los síntomas generales en pocos días y una recuperación progresiva de las lesiones de piel y encías en semanas.
En situaciones graves, o cuando existen problemas digestivos que dificultan la absorción oral, pueden requerirse dosis de vitamina C administradas por vía parenteral en el contexto hospitalario, así como vigilancia estrecha. Además de los suplementos, es esencial tratar complicaciones asociadas como la anemia, las infecciones secundarias o el dolor intenso. Restablecer una alimentación equilibrada, con aporte suficiente de energía, proteínas y otros micronutrientes, ayuda a una recuperación completa y a prevenir recaídas.
Alimentos ricos en vitamina C
La principal estrategia para prevenir y complementar el tratamiento del escorbuto es una dieta cotidiana que incluya de forma regular alimentos ricos en vitamina C. Entre las fuentes más destacadas se encuentran las frutas cítricas como naranjas, mandarinas, pomelos y limones, así como el kiwi, la guayaba, la papaya, la fresa y otras frutas tropicales. Consumir estas frutas frescas, preferiblemente crudas, ayuda a conservar mejor su contenido vitamínico.
También aportan cantidades significativas de vitamina C muchas verduras y hortalizas, como el pimiento rojo y verde, el brócoli, la col rizada, la coliflor, el repollo, las espinacas y el tomate. Las verduras de hoja verde en general son una buena contribución, sobre todo cuando se ingieren en ensaladas crudas o con cocciones suaves que minimicen la pérdida de nutrientes. Mantener una variedad amplia de estos alimentos a lo largo de la semana es la base de una prevención eficaz.
Prevención del escorbuto en la vida diaria
Prevenir el escorbuto es relativamente sencillo cuando se dispone de acceso a alimentos variados, pero requiere hábitos conscientes y sostenidos. Una recomendación práctica es incluir al menos una o dos raciones de frutas ricas en vitamina C cada día y añadir verduras frescas en la comida y la cena. Planificar la compra semanal con prioridad hacia productos frescos y de temporada facilita el cumplimiento de estas pautas.
Para personas con riesgo elevado, como ancianos que viven solos, pacientes con enfermedades crónicas, fumadores o personas con dietas muy monótonas, puede ser útil consultar a un profesional de la salud o a un nutricionista. En algunos casos se aconseja utilizar suplementos de vitamina C a dosis moderadas como medida preventiva, especialmente cuando se prevé que la dieta será insuficiente durante un tiempo. Sin embargo, los suplementos nunca deben sustituir permanentemente a una alimentación variada y equilibrada, que aporta muchos otros nutrientes esenciales.
Complicaciones y pronóstico
Si no se trata, el escorbuto puede conducir a complicaciones serias, como infecciones recurrentes, anemia grave, hemorragias internas y alteraciones profundas en huesos y articulaciones. En situaciones extremas, la enfermedad puede comprometer la función de órganos vitales y resultar potencialmente mortal. Por este motivo, no debe infravalorarse la importancia de la vitamina C, aunque el escorbuto sea actualmente poco frecuente en muchos países.
La buena noticia es que, una vez iniciado el tratamiento adecuado con vitamina C y una corrección integral de la dieta, el pronóstico suele ser excelente. La mayoría de las manifestaciones revierte en pocas semanas, aunque algunas secuelas óseas o dentales pueden persistir si el daño fue prolongado. Adoptar desde ese momento hábitos de alimentación saludables y mantenerse atento a la ingesta de frutas y verduras es la mejor garantía para no volver a desarrollar esta enfermedad carencial.
Recomendaciones finales para la salud
Conocer el escorbuto y su relación directa con la falta de vitamina C ayuda a tomar conciencia de la importancia de una nutrición equilibrada. Aunque pueda parecer una enfermedad del pasado asociada a marineros y largos viajes oceánicos, hoy en día sigue apareciendo en contextos de vulnerabilidad social, en dietas extremas y en personas que descuidan por completo el consumo de alimentos frescos. Prestar atención a estos factores y consultar ante síntomas sospechosos permite un diagnóstico y tratamiento tempranos.
Incorporar a la rutina diaria frutas y verduras de distintos colores, cocinar de forma sencilla y priorizar alimentos poco procesados no solo previene el escorbuto, sino que reduce el riesgo de muchas otras enfermedades. La vitamina C es solo una pieza dentro del complejo rompecabezas de la nutrición, pero su ausencia demuestra hasta qué punto una carencia concreta puede afectar a todo el organismo. Cuidar la alimentación es, en definitiva, una de las formas más efectivas y accesibles de proteger la salud a largo plazo.


